Erratas y faltas de gramática
Un puesto mal escrito o una frase rota señalan descuido antes de que se lea un solo logro, y es el defecto que los reclutadores citan con más frecuencia al explicar por qué dejaron de leer.
Incluso candidatos con experiencia cometen errores. Aquí tienes 10 fallos comunes y soluciones.

La mayoría de los currículums no se descartan porque el candidato sea flojo. Se descartan porque la página hace que un buen candidato parezca descuidado, vago y difícil de leer, y cada una de esas impresiones nace de un defecto corregible y no de una cualificación que falte.
A continuación están los diez errores que más ven los reclutadores, cada uno con su corrección, y después una rutina de revisión, una comprobación final y las diferencias por país que deciden cuáles de estas reglas te afectan.
Después de corregir estos errores, crea tu currículum online para revisar la versión final antes de postular.

Un puesto mal escrito o una frase rota señalan descuido antes de que se lea un solo logro, y es el defecto que los reclutadores citan con más frecuencia al explicar por qué dejaron de leer.
«Responsable de redes sociales» describe la descripción del puesto, no a ti. Cualquier otro candidato al mismo puesto puede escribir la misma línea, así que no aporta información.
Un archivo genérico no encaja especialmente bien en ninguna oferta. El reclutador nota enseguida que el perfil habla de un puesto distinto al anunciado.
Sin números el lector no tiene forma de juzgar la escala. «Mejoré el proceso» puede ser una hora ahorrada al año o un departamento de treinta personas reorganizado.
«Responsable, resolutivo, con ganas de aprender» aparece en casi todos los currículums, y por eso mismo no convence a nadie. Describirse no es demostrar.
Un vacío mudo de dos años invita a la peor suposición posible. El problema casi nunca es la pausa y siempre es la ausencia de explicación.
Tablas, dos columnas, texto dentro de imágenes y tipografías decorativas se leen mal en los sistemas de selección, y el reclutador recibe un perfil desordenado o medio vacío.
Estado civil, número de documento, dirección completa y fecha de nacimiento no aportan nada a la decisión y, en varios países, generan un problema legal a la empresa que los recibe.
Un apodo y un archivo llamado «cv_final_2.pdf» son detalles, pero llegan antes que tu experiencia y marcan el tono de todo lo demás.
Un puesto inflado o una herramienta sobre la que solo has leído aguanta hasta la primera pregunta técnica, y perder credibilidad en mitad de la entrevista sale mucho más caro que no ser llamado.
Nadie ve sus propios errores en la misma pantalla donde los escribió. Al releer tu texto, el ojo repara lo roto y se salta lo que falta. Cinco pasadas, cada una buscando una sola cosa, encuentran mucho más que una lectura atenta.
La distancia es lo que hace visibles los errores. Un currículum releído veinte minutos después de escribirlo aún se lee como se pensó, no como quedó escrito.
Sube viñeta a viñeta desde la última línea. Sin el hilo del argumento, el ojo deja de reparar erratas y empieza a verlas.
Las frases demasiado largas, los tópicos y las palabras que faltan se oyen aunque no se vean. Una línea difícil de decir es difícil de leer.
Haz una pasada solo de números: periodos, porcentajes, tamaños de equipo. Una fecha equivocada es un problema de credibilidad, no una errata.
Pregúntale a qué puesto cree que te presentas. Si su respuesta no coincide, la página tiene un problema mayor que la ortografía.
Después abre el PDF final en el móvil. El texto que se desborda, una maquetación a dos columnas que se rompe y una tipografía sin incrustar aparecen antes ahí que en ningún otro sitio.


Varios puntos de esta lista solo son errores en algunos mercados. Antes de enviar un currículum al extranjero, comprueba qué datos se esperan allí y cuáles hacen que lo descarten.
La foto es habitual y no penaliza, pero incluir DNI, número de la seguridad social o dirección completa sí resta. Las pretensiones salariales van en la carta de presentación, no en el currículum.
La foto se acepta y se valora indicar ciudad y disponibilidad. El error más frecuente es un nivel de idioma vago: «inglés intermedio» sin marco de referencia se lee como falta de concreción.
Justo lo contrario: foto, fecha de nacimiento o estado civil pueden hacer que se aparte el archivo por criterios antidiscriminación antes de leerlo. Allí «CV» designa un documento académico, no una candidatura.
El riesgo inverso: la falta de foto, de carta de presentación y de explicación de los huecos se lee como descuido. Los certificados escaneados se esperan como anexos y omitirlos es en sí un error.
Nada de esto cambia el fondo de tu experiencia. Cambia qué datos corresponden a la página, que es justo la parte que los candidatos olvidan ajustar.
Casi todos los puntos de esta lista se corrigen quitando en lugar de añadiendo: un adjetivo de relleno, una función que ejerce todo el mundo en ese puesto, una página a la que nadie llega. El currículum se fortalece a medida que se acorta, hasta el punto en que empiezan a desaparecer las pruebas.
Repasa los diez errores en tu archivo actual y corrige solo lo que esté realmente ahí. Media hora de ese trabajo cambia más el número de respuestas que otro mes enviando el mismo documento sin tocar. ¡Suerte con la búsqueda!
Lo que preguntan los lectores tras repasar la lista.
Rara vez por sí sola, pero nunca es neutra. Una errata en dos páginas parece un desliz; la misma errata en el nombre del puesto o en tu propio correo parece descuido justo hacia aquello a lo que te presentas. Lo caro no es el fallo, sino la conclusión que se saca de él.
Solo si el diseño estorba al analizador. El color, una tipografía sensata y una retícula limpia no son problema. Dos columnas para el contenido principal, texto dentro de imágenes, iconos en lugar de encabezados y fuentes poco comunes son donde la plantilla empieza a perder información camino del reclutador.
Solo si la oferta lo pide de forma explícita. Una cifra dada antes de que se valore lo que aportas o te deja fuera o te sitúa bajo, y ninguna de las dos cosas ayuda. Cuando se exige, da una horquilla y colócala en la carta de presentación, no en el currículum.
Nada en los hechos comprobables: puestos, fechas, titulaciones, herramientas. Elegir qué verdades destacar sí es legítimo y necesario. Pero una línea inventada aguanta hasta la primera pregunta técnica, y perder credibilidad a esas alturas cuesta mucho más que no ser llamado.
La extensión es un síntoma, no la enfermedad. Cuatro páginas suelen significar funciones en lugar de logros, todos los puestos descritos con el mismo detalle y nada borrado en diez años. Arregla eso y el archivo se acorta solo; recortar páginas sin hacerlo solo reparte la pérdida de información.
Dáselo treinta segundos a alguien ajeno a tu sector y pregúntale qué trabajo buscas y en qué eres mejor. Si duda, el problema es la página y no el mercado. Un currículum que no responde a esas dos preguntas en medio minuto tampoco lo hará en seis segundos.
¿Listo para poner estos consejos en práctica?
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